Prólogo a La esclavitud de la mujer

Año de publicación
2017
Páginas
76
Alto
23 cm
Ancho
15 cm
Grosor
1 cm
Encuadernación
Tapa Blanda
Se experimenta a la vez que una impresión grata, un penoso sentimiento, viendo que en nuestro siglo en que se han legado a borrar las diferencias de señor y esclavo, en que se han hecho desaparecer las odiosas distinciones de razas y colores, todavía es temerario, imprudente y hasta peligroso pedir que se corre la triste diferencia en mala hora establecida entre el hombre y la mujer, esa distinción odiosa de los sexos. ¿Cómo ha llegado a perpetuarse hasta nosotros una reliquia de tiempos que no alcanzaron ni al bautismo fraternal del cristianismo, ni a la regeneración por las ciencias del derecho? Nacida esa distinción de los dos sexos a la sombra de la fuerza, se ha sostenido merced una educación viciosa que hace al hombre mirarse desde la cuna como un ser superior a la mujer....Leer más
Se experimenta a la vez que una impresión grata, un penoso sentimiento, viendo que en nuestro siglo en que se han legado a borrar las diferencias de señor y esclavo, en que se han hecho desaparecer las odiosas distinciones de razas y colores, todavía es temerario, imprudente y hasta peligroso pedir que se corre la triste diferencia en mala hora establecida entre el hombre y la mujer, esa distinción odiosa de los sexos. ¿Cómo ha llegado a perpetuarse hasta nosotros una reliquia de tiempos que no alcanzaron ni al bautismo fraternal del cristianismo, ni a la regeneración por las ciencias del derecho? Nacida esa distinción de los dos sexos a la sombra de la fuerza, se ha sostenido merced una educación viciosa que hace al hombre mirarse desde la cuna como un ser superior a la mujer. Desde los primeros años se le hace palpar en el seno mismo del hogar esa desigualdad antojadiza, a él se le concede una libertad que va aumentando a medida que se restringe más y más la clausura que se destina al otro sexo y así se le inculca una preocupación que no resiste ni puede resistir al examen más ligero de un criterio vulgar. Por otra parte, haciendo a la mujer desde la cuna mirar como sagrados los principios caprichosos establecidos por el uso, se la somete a un sistema de educación cuya primera base viene a descansar sobre la misma idea de una inferioridad que de ese modo echa raíces en su espíritu, se apodera de su corazón y llena su vida, entera. Leer menos
Clasificación
Todos > Ciencias sociales > Género
Título
Prólogo a La esclavitud de la mujer
ISBN
9789568438234
$340.00
Martina Barros Borgoño, hija mayor de Manuel Barros Arana y Eugenia Borgoño Vergara, nació en Santiago el 6 de julio de 1850, en el seno de una familia con fuertes vínculos políticos, económicos y sociales. Martina Barros compartió su infancia con sus hermanos -Manuel, Luis y Víctor- en casa de su abuelo paterno, Diego Antonio Barros, hasta la temprana muerte de su padre a causa de una afección cerebral....Leer más
Martina Barros Borgoño, hija mayor de Manuel Barros Arana y Eugenia Borgoño Vergara, nació en Santiago el 6 de julio de 1850, en el seno de una familia con fuertes vínculos políticos, económicos y sociales. Martina Barros compartió su infancia con sus hermanos -Manuel, Luis y Víctor- en casa de su abuelo paterno, Diego Antonio Barros, hasta la temprana muerte de su padre a causa de una afección cerebral. Una vez acaecido el infortunio, se trasladaron al hogar de su tío Diego Barros Arana (1830-1907), quién asumió la responsabilidad paterna y se puso al frente de la educación de los cuatro hijos adoptivos, pero, en especial, de la enseñanza de Martina, a quien educó en forma rigurosa y metódica. Esta educación privilegiada para una joven mujer del siglo XIX, la empapó de manera temprana de un ambiente en el que la historia y las letras estaban presentes en cada conversación. En 1874, después de seis años de noviazgo, contrajo matrimonio con Augusto Orrego Luco (1849-1933) y pasó a llamarse Martina Barros de Orrego, nombre con el que figura en la mayoría de sus apariciones sociales. Martina Barros es considerada como la primera intelectual chilena y una de las precursoras del feminismo en Chile. Aunque su actividad literaria se ciñó más a la lectura que a la producción de textos, legó una importante traducción de la obra de John Stuart Mill, The subjection of women (1869), unas cuantas conferencias, un artículo y un extenso volumen de memorias titulado Recuerdos de mi vida (1942). Con esos primeros textos, logró instalar en su círculo social discusiones acerca de la educación de las mujeres de la oligarquía chilena y el voto femenino, permeando de esas inquietudes liberales las esferas políticas y literarias de su época. Con esto logró, además, abrir la discusión específica sobre los espacios de libertad y decisión de las mujeres en el horizonte social del siglo XIX, delineando algunos de los cambios que comenzarían a cuajar en el horizonte político del XX. En la década de 1920, su participación en el Club de Señoras levantó enconos entre los círculos sociales e intelectuales del tiempo, los que vieron, en las ideas que se plantearon allí, una amenaza a la estabilidad del hogar y de la familia, instituciones articuladoras de la sociedad de la época. Liberal, católica y autodidacta, participó en los escasos espacios de intercambio cultural del momento, los salones y las tertulias, y con posterioridad, ante el declive de estas prácticas, colaboró también con la Academia de Letras de la Universidad Católica. La apuesta del feminismo liberal de Martina Barros abogó por la liberación de la mujer a través de la demanda concreta de una educación no diferenciada entre hombres y mujeres pues, en el camino hacia la igualdad, se concibió, primero, como paso necesario, "educarse para ser libres" (Castillo, Alejandra. "Las aporías de un feminismo liberal". En Barros, Martina. Prólogo a la Esclavitud de la mujer. Santiago: Palinodia, 2009, p. 10). Las aspiraciones de Barros lograron sembrar en la élite intelectual de la época una inquietud que hasta entonces no había sido problematizada públicamente en forma activa y sistemática. En este sentido, Martina Barros contribuyó a generar condiciones discursivas para que el prurito de la autonomía y de la conciencia de género cobrara fuerza y fructificara en los primeros movimientos de reivindicación social y política femenina de principios del siglo XX. Leer menos

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